La belleza de lo mínimo: por qué los programas diminutos nos fascinan
Small Programs and Languages
Un Forth en 46 bytes, un intérprete de J en 122 líneas de C o un sistema operativo completo en una imagen de arranque de 90 Kb: ratfactor explora el atractivo de los programas y lenguajes diminutos. Sostiene que estas miniaturas no son solo un juego de code golf, sino pruebas reales de la complejidad mínima de un concepto, y que un lenguaje pequeño, como Forth, Lisp, Tcl o Lua, puede caber en la cabeza y aun así ofrecer un poder enorme.
Es mucho mejor hacer un sistema un poco demasiado simple, de modo que uno tenga que escribir cosas extra, incluso escribirlas dos veces con un comentario que diga «mira aquí», que tener un sistema que actúe de formas extrañas y que nadie pueda entender por qué. Así que la simplicidad vence a la expresividad.